Existir es un plagio / Nicolás Gerardi

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Claudio Perna

Claudio Perna

Existir es un plagio
E.M. Cioran, Desgarradura

Una fotocopia es ante todo un evento -sin duda alguna- autobiográfico y documental que pretende recrear el momento mismo de su génesis. Se vale de la dualidad para generar sentido y su substancia radica en una paradoja: confiere al cuerpo-origen su categoría de original / por ser instante e instantánea es irrepetible pero reproducible.

Gracias a estas características el arte conceptual encontró en las Xeroxs un importante aliado, ideal para concretar una de sus operaciones básicas: transformar el objeto en simple registro subordinado de la acción dónde recae el valor simbólico, nominal y cuantitativo de la obra.

Lo que no pudieron prever los artistas conceptuales de los 70’s es que esta trasgresión introduce otro debate centrado en la deshumanización de la corporalidad en el espacio tecnológico. Al someter el cuerpo humano a la fotoconductividad de una máquina Xerox la carne se transforma en documento.

Esta transformación de lo corpóreo a lo documental se puede entender como un primer paso hacia la desaparición simbólica de lo humano: el cuerpo es encarnado por un discurso-documento y no por un grupo de células-tejidos. Si esto fuera cierto, la acción de auto-foto-copiarse, o de reconocer el propio cuerpo a través de una fotocopiador es una de las primeras huellas de esa metamorfosis que vivimos actualmente dónde el cuerpo es una proyección discursiva de nuestros actos habla, de nuestro lenguaje ritual.

Pensemos por un momento en la desaparición simbólica de lo humano. Las redes sociales, uno de los fenómenos claves para entender el siglo XXI, plantea esta metamorfosis como principio básico. El espacio de sociabilización ya no necesita una corporalidad sino una discursividad. Discursividad evidenciada en que compartimos, que comentamos, cuando damos like, en el momento en que decidimos hacer un retweet, estos actos de habla, determinan las categorías y signos con los que se debe leer nuestro cuerpo.

Claudio Perna, Eleonore Schöffer y Eduardo Kac usan la tecnología como primera aproximación a este fenómeno aún embrionario, en el cual, lo carnal es un residuo documental de una actitud frente a la tecnología que propone la desaparición de lo humano en pro de un enriquecimiento simbólico del discurso-cuerpo.

Claudio Perna (1938, Milan, Italy-1997, Holin, Cuba) titula autocopias a ese corpus de obras gestadas bajo la fría luz de una máquina Xerox y cuyo cenit revela en su obra Autocurricullum, dispositivo desde dónde enuncia: “Tú no estás obligado a usar la Xerox, pero si tienes una idea actual, la mejor manera de representarla es asociándola a un medio actual”(…) “¿Qué quiere decir Arte para ti? Pregúntatelo y al final verás que es comunicación, que es información”

Eleonore Schöffer (…) emprende el camino de exploración con las fotocopias por azar al reproducir las obras Ordigraphics de Nicolas Schöffer. Titula a estas exploraciones: Traces Photocorpiques, nombre que delimita las fronteras en las que Eleonor juega, de un lado tenemos el gesto sensible del cuerpo sobre la máquina, la luz fría y la piel; dependiente de este gesto, un nuevo territorio se prefigura, creado por esta simbiosis: el cuerpo como documento.

Eduardo Kac (1962, Rio de Janeiro, Brasil) eterno investigador sobre los posibles procesos simbióticos entre máquinas y hombres, sufre también el embrujo de las fotocopias en el marco del Arte Pornô. Reinventa las búsquedas de auto- reconocimiento que implica el XEROX ART revelando su dimensión política: durante la dictadura de los 80’s en Brasil subvierte la lógica de la desnudez (permitida), en función de oponerse a las políticas gubernamentales.

Aceptar esto es reconocer que el arte por fotocopias es el semillero dónde germina parte de nuestra sociedad contemporánea, basada justamente, en el intercambio simbólico y textual de lo corporal en detrimento de la physis y su manifestación directa la: carne humana.

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